Miro las
letras de mi teclado sin apenas respirar. Todas están en su sitio.
La a junto a la ese y al otro extremo, la eme que aprieta con fuerza
mi anular. Sin necesidad de buscar, encuentro la o y la erre. Quiero
sacarlo todo fuera y la parálisis se adueña de mis manos, mi cabeza
es un laberinto de sensaciones y mi corazón arrugado se niega a
darme un respiro en el que el dolor no lo sea todo.
No falta
ninguna, ahí están todas y no puedo juntarlas para formar palabras
encadenadas que den sentido a todo lo que por dentro me pasa. Busco
en ellas la pomada mágica que todo lo cura, sintiéndome el
charlatán de la feria: “¡Pasen y vean la fórmula milagrosa del
doctor A! ¡Ningún corazón dolorido se resiste! ¡La tristeza se
vuelve alegría y el vacío desaparece!”
Veo puntos,
guiones y comas que se rebelan y deciden jugar al escondite para que
la tregua que necesito no aparezca por ningún lado. Los
interrogantes deciden actuar por su cuenta y dejan su huella por toda
la página mientras las comillas se ríen de mi y los paréntesis me
atacan por delante y por detrás.
Pulso el botón
de pausa pero no se mueve ni un milímetro, bloqueado desde lo más
profundo no creo que haya técnico capaz de arreglarlo. El de escape
me mira guiñándome entre cómplice y burlón, mas cuando intento
apretarlo se mueve de forma endiabladamente rápida y no le doy
alcance.
Buscando ayuda
me tiro a las efes una tras otra leyendo con avidez sus mensajes y
esperando, siempre esperando, encontrar el consuelo.
“Para
recuperar la felicidad pulse Avance Página” y termino desollando
los dedos de tanto pulsar.
“Para volver
al momento de alegría pulse Retrocede Página” y acabo llorando de
impotencia ante la falta de respuesta.
¿Dónde está
la solución para no sentir el vacío de la ausencia? ¿Los arañazos
de la distancia? ¿Conseguir el control del destino? ¿Sentir su piel
y su voz para que el frío que me domina desaparezca?
Toque las
teclas que toque, las únicas letras que se imprimen son las que
forman su nombre, ese que me gustaría decirle bajito al oído,
delante de “te necesito para vivir”, detrás de “abrázame y no
me sueltes jamás”.
Te amo y por
eso me duele tu ausencia.
Nunca
amor,
nunca,
debes
olvidarlo.
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