La historia sigue viva.

Esta es la historia de una mujer en el final de los cuarenta que vuelve a encontrar el amor cuando lo había desterrado para siempre.

No es un amor otoñal como cabía esperar y haría de ésta una historia previsible. Es al amor adolescente que entra en la vida sin llamar.

Lleno de pasión y confianza ciega. Cargado de complicidad y suspiros lanzados al aire.

Lo que iba a ser el Blog más corto de la historia va camino de convertirse en el Blog más largo de la historia.

Esta historia es real y lo sé porque es mi historia.

martes, 19 de marzo de 2013

El teclado no responde



Miro las letras de mi teclado sin apenas respirar. Todas están en su sitio. La a junto a la ese y al otro extremo, la eme que aprieta con fuerza mi anular. Sin necesidad de buscar, encuentro la o y la erre. Quiero sacarlo todo fuera y la parálisis se adueña de mis manos, mi cabeza es un laberinto de sensaciones y mi corazón arrugado se niega a darme un respiro en el que el dolor no lo sea todo.

No falta ninguna, ahí están todas y no puedo juntarlas para formar palabras encadenadas que den sentido a todo lo que por dentro me pasa. Busco en ellas la pomada mágica que todo lo cura, sintiéndome el charlatán de la feria: “¡Pasen y vean la fórmula milagrosa del doctor A! ¡Ningún corazón dolorido se resiste! ¡La tristeza se vuelve alegría y el vacío desaparece!”

Veo puntos, guiones y comas que se rebelan y deciden jugar al escondite para que la tregua que necesito no aparezca por ningún lado. Los interrogantes deciden actuar por su cuenta y dejan su huella por toda la página mientras las comillas se ríen de mi y los paréntesis me atacan por delante y por detrás.

Pulso el botón de pausa pero no se mueve ni un milímetro, bloqueado desde lo más profundo no creo que haya técnico capaz de arreglarlo. El de escape me mira guiñándome entre cómplice y burlón, mas cuando intento apretarlo se mueve de forma endiabladamente rápida y no le doy alcance.

Buscando ayuda me tiro a las efes una tras otra leyendo con avidez sus mensajes y esperando, siempre esperando, encontrar el consuelo.
Para recuperar la felicidad pulse Avance Página” y termino desollando los dedos de tanto pulsar.
Para volver al momento de alegría pulse Retrocede Página” y acabo llorando de impotencia ante la falta de respuesta.
¿Dónde está la solución para no sentir el vacío de la ausencia? ¿Los arañazos de la distancia? ¿Conseguir el control del destino? ¿Sentir su piel y su voz para que el frío que me domina desaparezca?

Toque las teclas que toque, las únicas letras que se imprimen son las que forman su nombre, ese que me gustaría decirle bajito al oído, delante de “te necesito para vivir”, detrás de “abrázame y no me sueltes jamás”.

Te amo y por eso me duele tu ausencia.

Nunca
amor,
nunca,
debes
olvidarlo.

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