La historia sigue viva.

Esta es la historia de una mujer en el final de los cuarenta que vuelve a encontrar el amor cuando lo había desterrado para siempre.

No es un amor otoñal como cabía esperar y haría de ésta una historia previsible. Es al amor adolescente que entra en la vida sin llamar.

Lleno de pasión y confianza ciega. Cargado de complicidad y suspiros lanzados al aire.

Lo que iba a ser el Blog más corto de la historia va camino de convertirse en el Blog más largo de la historia.

Esta historia es real y lo sé porque es mi historia.

sábado, 2 de marzo de 2013

Me entrego



Hoy me entrego a ti sin estar contigo.

Cierro los ojos y resulta muy fácil recordar cada beso y cada caricia dados en una noche robada a la vida. Un atraco consciente al tiempo dedicado a las obligaciones que nos rodean y que nunca parecen tener fin. Es un fuego nocturno que liberamos entre gotas de luna que calman nuestra sed, mientras en el aire suena esa canción que tantas veces me cantaste al oído.

Siento tus labios en los míos y mi lengua abriéndose paso desesperada para encontrar la tuya y formar una espiral perdida en el infinito. Te tomas un descanso para abrazarme en un intento de recuperar la serenidad perdida y volver a sentir nuestra piel desnuda y fundida en un manto que nos cubre y nos eleva por encima de todo y de todos.

Cuando me coges en tus brazos para depositarme en la cama con esa ternura que sólo tú sabes dar, me sentí la mujer más querida de este universo y los que haya por descubrir. El tiempo se hace eterno en ese instante de separación y adivino que nunca más volveré a ser feliz sin tu calor.

Me pides la espalda y te la cedo gustosa de recuperar el placer de sentir como tus manos recorren mi cuerpo ahora despacio, ahora deprisa, abriendo, cerrando, subiendo, bajando, fuerte, suave; ahora tierno, después pasional, girando, bailando, dulce, salado, apretando, soltando; siempre mirando y buscando grabar en tu corazón el sonido que corresponde a cada rasgueo.

Siento como los años vividos sin ti desaparecen con su dura carga y el cuerpo se vuelve liviano al reemplazar el dolor por el amor y la pasión. Cualquier temor se evapora entre tus manos y la vida vuelve a tener sentido. Por una noche vuelves a ser mi niño soldado de ojos verdes tan verdes como su boina verde y yo tu niña que espera impaciente a la salida del cuartel. Vuelven los besos eternos que nos regalábamos a escondidas entre abrazos tan apretados que se nos cortaba la respiración. Regresa la alegría a tus ojos y la sonrisa a mis labios.

Cuando cierro los ojos, me entrego a ti sin estar contigo.



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