La historia sigue viva.

Esta es la historia de una mujer en el final de los cuarenta que vuelve a encontrar el amor cuando lo había desterrado para siempre.

No es un amor otoñal como cabía esperar y haría de ésta una historia previsible. Es al amor adolescente que entra en la vida sin llamar.

Lleno de pasión y confianza ciega. Cargado de complicidad y suspiros lanzados al aire.

Lo que iba a ser el Blog más corto de la historia va camino de convertirse en el Blog más largo de la historia.

Esta historia es real y lo sé porque es mi historia.

lunes, 4 de febrero de 2013

Dos noches y un día



Estaba sentada al borde de la cama intentando no pensar mientras me calzaba las deportivas. Muchas veces, entre lo que intentamos y lo que logramos hay una distancia que va más allá de este universo.

Han pasado dos noches y un día desde el reencuentro con mi niño soldado. Los pensamientos, los sentimientos y las sensaciones se agolpan en una sopa de letras imposible de descifrar. Sé que no debo sentir, pero ¿quién es capaz de dominar sus sentimientos? Ha sido algo que nunca se me ha dado muy bien. Lo único que puedo hacer es comportarme y caminar dentro de la senda de las normas establecidas. Esto sí que ya lo tengo dominado... o casi.

Cuando nos despedimos, hace dos noches y un día, tuve la sensación de que no era la única que sentía como le amputaban un miembro, pero esto no me da derecho a poner patas arriba la vida de mi niño soldado. El reencuentro ha sido tan hermoso, tan fluido y lleno de complicidad que no voy a estropearlo. No señor. No voy a hacerlo.

Ignoro a donde vamos. Lo único que sé de esta cita (¿por qué lo llamo cita si quedamos en que me iba a comportar?) es que me viene a buscar en coche y debo calzar deportivas. Estoy ansiosa, seguro que es por la sorpresa del destino sin que tenga nada que ver el deseo de olerle, sentirle cerca, besarle, abrazarle...

Me pongo de pie y me miro al espejo. Ya estoy lista. Peinada, vestida, calzada y con los sentimientos encerrados en una caja que alguien tiró al fondo del mar. No se puede estar más lista.

Espero en la calle su llegada y le veo venir puntual. Me sonríe y para, esperando a que me suba y tenga el cinturón colocado. Le digo hola, le miro a los ojos y quedo paralizada porque no sé si darle un beso en la mejilla o en los labios.

Me pregunto quien putas habrá encontrado la cajita en el fondo del mar. No tiene gracia que la haya abierto. Ninguna gracia.


Dos noches y un día para encontrarme como al principio... muerta de amor.






No hay comentarios:

Publicar un comentario