El
abrazo es la acción de abrazar. Han sido tan intensos los abrazos de
mi niño soldado que debo saber más, necesito saberlo todo.
Me
sorprendo de los numerosos significados que encierra esta palabra,
sin recordar que el idioma español se caracteriza precisamente por
esto.
Ceñir
con los brazos. Podría ser ésta. Los
abrazos han sido tan fuertes que la intención era ceñirnos el uno
al otro, no despegarnos jamás. Aún así, se queda terriblemente
corta.
Estrechar
entre los brazos en señal de cariño.
Así hubiera sido si los abrazos no hubieran venido acompañados de
besos apasionados y sentimientos imposibles de cuantificar. Tampoco
me vale ésta.
Rodear,
ceñir. Sigue quedándose corto e inexacto.
¡Cómo me gustaría haberlo rodeado, no con mis brazos, si no en un
círculo de amor del que nunca pudiera salir! Después podría
ceñirlo y pegarlo a mi alma para que conmigo viniera a todas partes.
Dicho
de una planta trepadora: Dar vueltas al tronco de árbol al que se
adhiere.
¿Quién es la planta y quién el tronco? No existe esto entre
nosotros. Damos vueltas mutuamente en un vals imaginario de un
pentagrama nunca escrito. A veces soy la planta, a veces el tronco y
constantemente los papeles se invierten y revierten buscándose de
forma apasionada, con amor.
Comprender,
contener, incluir.
He aquí la más certera de todas las definiciones. Estoy segura de
que cuando la escribieron no sopesaron el peso de las palabras.
Comprenderse el uno al otro, comprender sus sentimientos, sus deseos
y sueños siendo capaces de contenerlos para que no se alejen e
incluirlos en sus vidas. Tres palabras necesitaron para poder
acercarse a su definición y ni con veinte más llegarán a
completarla. Tal es la intensidad de los abrazos entre mi niño
soldado y yo que nunca existirá palabra que lo pueda describir.
Tantos
han sido los abrazos dados que nadie hubiera podido llevar la cuenta.
Tan
cargados de emociones que no hay recipiente conocido que los pueda
encerrar.
Tan
fuertes que las contrariedades se debilitaban en forma proporcional a los abrazos dados.
Tan
dulces que no podía separarme pidiendo más y más.
Tan
llenos de deseo que no sé como fuimos capaces de controlarlos.
Tan
nuestros que son únicos e irrepetibles y nadie más podrá darlos o
recibirlos.
Tan
acompañados de besos eternos que toda vez que me recreo en ellos,
guardándolos celosamente del mundo, pienso en el significado de la
palabra beso.
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