La historia sigue viva.

Esta es la historia de una mujer en el final de los cuarenta que vuelve a encontrar el amor cuando lo había desterrado para siempre.

No es un amor otoñal como cabía esperar y haría de ésta una historia previsible. Es al amor adolescente que entra en la vida sin llamar.

Lleno de pasión y confianza ciega. Cargado de complicidad y suspiros lanzados al aire.

Lo que iba a ser el Blog más corto de la historia va camino de convertirse en el Blog más largo de la historia.

Esta historia es real y lo sé porque es mi historia.

domingo, 17 de febrero de 2013

Ven a dormir conmigo. No haremos el amor, él nos hará.



Rayuela. Capítulo 7


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca,

voy dibujándola como si saliera de mi mano,

como si por primera vez tu boca se entreabriera,

y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar,

hago nacer cada vez la boca que deseo,

la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara,

una boca elegida entre todas,

con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara,

y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu

boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.


Me miras, de cerca me miras,

cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope,

nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan,

se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran,

respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente,

mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes,

jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene

con un perfume viejo y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo,

acariciar lentamente la profundidad de tu pelo

mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces,

de movimientos vivos, de fragancia oscura.

Y si nos mordemos el dolor es dulce,

y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento,

esa instantánea muerte es bella.

Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura,

y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.


Julio Cortázar



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