La historia sigue viva.

Esta es la historia de una mujer en el final de los cuarenta que vuelve a encontrar el amor cuando lo había desterrado para siempre.

No es un amor otoñal como cabía esperar y haría de ésta una historia previsible. Es al amor adolescente que entra en la vida sin llamar.

Lleno de pasión y confianza ciega. Cargado de complicidad y suspiros lanzados al aire.

Lo que iba a ser el Blog más corto de la historia va camino de convertirse en el Blog más largo de la historia.

Esta historia es real y lo sé porque es mi historia.

martes, 5 de febrero de 2013

Un beso son dos besos



Le besó. Ella le besó y no se puede creer su atrevimiento y el riesgo que corre de no volver a verle nunca más. Era la segunda vez en su vida que hacía algo así, besar en un impulso incontrolable. La primera vez había sido con él hace más de treinta años. Desconoce que demonios sucede entre ellos que cuando están juntos nada más importa, ni siquiera quedar en evidencia y mostrarle su debilidad.

Le besó. Él correspondió sin despegarse, sin querer alejarse. Con toda seguridad su cabeza está llena de preguntas sin respuestas pero no lo demostró. Sus labios tocaban los de ella, suavemente, sin presionar, como si no terminara de creer lo que está pasando. Piensa que donde hubo fuego quedan rescoldos y que sólo era cuestión de tiempo que algo así sucediese.

Le besó. Para sorpresa de ella, cuando quiere alejarse es él quien retoma la iniciativa y la besadora pasa a ser besada. Un minuto antes estaba dispuesta a desaparecer de su vida tras el beso, asumiendo que era el precio que debía pagar por vivir unos segundos de gloria. Ahora él une sus labios a los de ella, sin prisa, complaciéndose con el momento.

Le besó. Él estuvo toda la mañana a su lado sin acercarse, sin permitir el más mínimo roce entre ellos. Hablan y sus miradas están cargadas, henchidas de amor prohibido sin resolver y abrazos que nunca se darán. Ella toma conciencia de la distancia impuesta por él y asume su buen juicio compartiendo la responsabilidad de alejarse, aunque la tristeza que siente empieza a ser una carga muy pesada y difícil de manejar.

Se besaron con ganas acumuladas, con la dulzura y entrega de antaño, como dos adolescentes, como si nunca antes se hubieran besado y cuando ella se aleja corriendo para no llorar, él se queda pensando si lo sucedido es cierto y cuanto dolor provocará.

Se besaron con besos nuevos con sabor a viejos como los que se daban cuando él era un niño soldado con boina verde tan verde como sus ojos verdes y ella la niña que le esperaba impaciente a la salida del cuartel.

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